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CRÍTICA
Pedro Almodóvar firma con 'Amarga Navidad' su mejor final desde 'Volver' y hace estallar la oscuridad de su última década
El cineasta manchego desnuda las vísceras de su propia creación y le ofrece a Aitana Sánchez Gijón una de las mejores interpretaciones de su carrera actoral
Actualizado:

Pedro Almodóvar ha firmado con 'Amarga Navidad' su mejor final desde 'Volver'. Es algo que no hace falta que diga el crítico de cabecera de ningún periódico generalista: será el comentario general a la salida de los cines, dominará los murmullos de su público más fiel. En los corrillos que formen esos espectadores que llevan años acudiendo a su cita bianual con el manchego, revestidos de una fe ciega, se gritará la buena nueva casi como si fuera una revelación bíblica: "¡Esta vez, sí!". El castillo de fuegos artificiales (y dialécticos) con el que el director cierra su largometraje número 24, en las salas españolas desde el viernes 20 de marzo, dejará un buenísimo sabor de boca a las parroquianas. Y esto no quiere decir que todas ellas vayan a entender de dónde viene ese final a gritos. Ni falta que les hace.
'Amarga Navidad' está compuesta por dos historias en una: la de Raúl Rosetti (Leonardo Sbaraglia), un director de cine consagrado que no encuentra la inspiración, y la de Elsa (Bárbara Lennie), otra directora "de culto" que, tras un debut elogiadísimo en el sector, se ha tenido que refugiar en la publicidad. Dos espejos y tres miradas (tres directores, incluyendo a Almodóvar) que se entrecruzan en un montaje paralelo. Una lectura superficial de la cinta podría establecer lo obvio: que Lennie y su línea argumental son meras marionetas surgidas de la pantalla de ordenador de Sbaraglia. Una invención del personaje de Rosetti, que está escribiendo un guion sin encontrar la inspiración. Así despacharíamos la película con facilidad y la clasificaríamos donde en principio le corresponde: al final de una larga estirpe de creaciones sobre la creación, de ficciones sobre la ficción, de cine sobre el cine.








