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Crítica

'¡La novia!', un libre y anárquico rompecabezas tan exuberante y vivo como irregular y ambicioso

Maggie Gyllenhaal entrega, en su segunda obra en la dirección, un trabajo sostenido en los hombros de Jessie Buckley. Una película que mira de cerca al abismo

Madrid·
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Christian Bale, fumando, y Jessie Buckley, pistola en mano, en un fotograma promocional de ¡La novia!, dirigida por Maggie Gyllenhaal
Christian Bale, fumando, y Jessie Buckley, pistola en mano, en un fotograma promocional de ¡La novia!, dirigida por Maggie Gyllenhaal · Fotografía: Warner Bros Spain

¡Qué caprichoso y aleatorio es el cine! ¡Qué caótica, libre y exuberante es ‘¡La novia!’!. El segundo largometraje de Maggie Gyllenhaal tras la sutil, certera y punzante 'La hija oscura' recoge a los personajes de Mary Shelley -pasados por el imaginario cinematográfico de Whale- para trasladarlos a los EEUU de los años 30. Entre mafias, policía corrupta, alcohol ilegal y frustración social, Frankenstein -o Frank como se presenta en la película- y La novia, la sin nombre, se entregan a un viaje irregular entre la violencia y el romance, que brilla en su locura y no hace del todo pie en su despliegue temático. “¡Ah, amor combativo! ¡Ah, odio amoroso! ¡Ah, todo, creado de la nada! ¡Ah, grave levedad, seria vanidad, caos deforme!”. Entre Shakespeare y la revolución feminista, Gyllenhaal se pone la zancadilla a sí misma con una obra tan interesante como imperfecta.

‘¡La novia!’ nace con espíritu combativo y es en las trincheras donde encontrará a sus mayores defensores. Las comparaciones con ‘Joker’ son puramente estéticas, pues las revoluciones propuestas no pueden estar más alejadas. Del pensamiento individualista y anárquico de la obra de Todd Phillips a la revolución colectiva y feminista de ‘¡La novia!’ hay un trecho. Gyllenhaal, que firma el guion, acierta en el cuestionamiento del yo, en la búsqueda de la identidad robada de La novia por parte de un heteropatriarcado que la usa y la mata y que, una vez muerta, la vuelve a reclamar y la resucita en provecho propio. El cuerpo de la mujer, al servicio de una sociedad moralmente podrida y que ni en la muerte puede descansar. La novia funciona en la película como detonante y como receptáculo. La novia, el personaje, navega constantemente entre la construcción que la sociedad hace de ella -la amada esposa, la vil asesina- y la autopercepción que la atormenta. ¿Es que no tiene derecho a ser? Ni siquiera al monstruo de Frankenstein se le permite existir en sus propios términos y condiciones. La novia, o Penélope Rogers como decide nombrarla el personaje de Bale, lucha permanentemente, en su cabeza y a viva voz, contra los grilletes impuestos.

Jessie Buckley, postrada en una camilla, interpreta al personaje principal de '¡La novia!', dirigida por Maggie Gyllenhaal
Jessie Buckley, postrada en una camilla, interpreta al personaje principal de '¡La novia!', dirigida por Maggie Gyllenhaal · Fotografía: Warner Bros Spain