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Crítica | Series
'La máquina', un puñetazo en la cara que sube al cuadrilátero a Gael García Bernal y Diego Luna
La serie de Hulu, con Marco Ramírez ('Daredevil') como showrunner, ha desembarcado esta semana en el catálogo de Disney+ en España
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¿Es un thriller? ¿Un drama? ¿Una comedia? ¿Una de terror? ¿Una alucinación? Sí, sí, sí, sí y, otra vez, sí. Todo eso es ‘La máquina’, serie imposible de definir (ni falta que le hace) que regala a los espectadores una de esas reuniones en pantalla que hacen saltar chispas y emociones a la altura del reencuentro de Paul Newman y Robert Redford en ‘El golpe’. Diego Luna y Gael García Bernal suman fuerzas, acompañados de Eiza González como tercera pata del banco –quien conozca el refranero español entenderá la referencia–, en una propuesta en la que todo sorprende, descoloca y sacude. ‘La máquina’, que cuenta con Marco Ramírez (‘Daredevil’) como showrunner y Gabriel Ripstein como director, se revela en solo dos episodios (de seis y todos ya disponibles en Disney+) en un entretenimiento mayúsculo, adictivo y con mucho en lo que pararse a pensar.
La propuesta formal de esta serie se antoja como un derechazo en el estómago seguido de un izquierdazo en toda la cara. Como los que daba en sus mejores momentos Esteban ‘La Máquina’ Osuna, ese boxeador caído en desgracia tras un KO de manual que lo dejó seco sobre la lona, y que, tras ese momento clave y detonante de la historia, se queda tocado en el físico, pero también (y sobre todo) en lo emocional. El primer episodio se orquesta como un auténtico combate de boxeo con el espectador, con un ir y venir de golpes en forma de cambios de tono que espolean, despierta, retan y descolocan. ‘La máquina’ brinca de un registro a otro sin transición alguna, como la propia vida, y va colocando a cada uno de sus personajes en posición de ataque/defensa. El primero, claro, ese púgil otrora campeón que lleva meses retirado del boxeo y, porqué no decirlo, de la vida. Gael García Bernal regala naturalidad, intensidad y ternura a un tipo acabado al que todos se empeñan en situar de nuevo ante los focos. Así, presionado por su entorno –pero también por sus ganas de no darse a sí mismo por acabado– buscar la revancha con quien le tumbó.









