Entrevista
Daniela Alatorre: "Los resultados de ningún incentivo son inmediatos. Toma algunos años entender cuál es esa derrama"
El MEXAV fue el marco para que la directora de IMCINE reflexionara sobre el futuro del audiovisual mexicano entre incentivos, cooperación internacional y preservación
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Dos días de conversaciones en los Estudios Churubusco, lo pasados 9 y 10 de septiembre, dejaron una pregunta que quizá sea más importante que cualquiera de las respuestas escuchadas durante el MEXAV 2026: ¿qué significa hoy fortalecer una industria audiovisual? Organizado por la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMACC), el Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE), la Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica (CANACINE), la Federación Mexicana de Productores de Cine (FMPC) y la Asociación Mexicana de Productores Independientes (AMPI), más un importante apoyo del gigante Netflix -que la pasada semana celebró 15 años de presencia en eMéxico-, el encuentro puso a dialogar a los distintos eslabones del audiovisual mexicano alrededor de temas como la inteligencia artificial, las nuevas audiencias, la descentralización, los casos de éxito internacional y los diferentes incentivos enfocados al cine. Para Daniela Alatorre, Directora General del IMCINE, esa confluencia es precisamente el sentido de esta segunda edición: “¿Cómo podemos tener realmente un espacio que se vuelva un laboratorio de ideas, un tanque de pensamiento en donde podamos hablar e identificar cuáles son las fortalezas del sector, qué momento se está viviendo y cómo podemos trazar una ruta conjunta hacia el futuro?”.
El Estímulo Fiscal a la Producción Cinematográfica y Audiovisual (EFICA) lanzado a principios de este año, rondó de una conversación a otra como uno de los protagonistas temáticos. Alatorre considera que el instrumento modifica la posición del país cuando una gran producción decide dónde instalarse. También que apenas comienza y que sería prematuro medir sus resultados. Pero la buena noticia es que ya hay solicitudes en proceso de aprobación y que la gran mayoría son nacionales, aunque todavía no es posible revelar cuáles son estas candidatas. “Los resultados de ningún incentivo son inmediatos", recalca. "Toma algunos años entender cuál es esa derrama, que la gente empiece a entender cómo aplicar, cómo se transfiere, que haya confianza en el incentivo”.
El antecedente que utiliza para defender ese periodo de aprendizaje es EFICINE, que está por cumplir dos décadas y cuyas reglas se han transformado durante ese tiempo. La diferencia es importante: mientras EFICINE está orientado al cine mexicano y contempla producción y distribución, Alatorre entiende EFICA como una herramienta para otros perfiles de proyectos y coproducciones provenientes de varios lugares, capaz además de combinarse con estímulos estatales. La política audiovisual, bajo esa lectura, no tendría que depender de un instrumento único sino de varios mecanismos que respondan a necesidades distintas.
Fortalecer a todos los eslabones
Ante la presencia de representantes de países como Argentina, Corea del Sur, Dinamarca y España, la directora del IMCINE evita, sin embargo, leer el mapa de incentivos únicamente como una competencia entre territorios. Apostaría, más bien, por el trabajo en equipo. "México tiene un territorio muy atractivo y además un personal creativo que tiene un talento enorme. Muchas veces las coproducciones lo que hacen es juntar lo mejor de dos mundos”. Esa lógica se extiende más allá del rodaje: EFICA contempla procesos de animación, efectos visuales y postproducción, abriendo la posibilidad de que pequeñas y medianas compañías mexicanas participen en proyectos cuya filmación incluso ocurra en otro territorio. “No necesariamente todos los proyectos son para todos los territorios”, sostiene. La clave está en construir una política integral donde EFICA, EFICINE y los incentivos estatales respondan a perfiles y necesidades distintas, al tiempo que estos últimos pueden contribuir a descentralizar una producción históricamente concentrada en el centro del.
Quizá por eso, cuando se le pide escoger el indicador que debería determinar el éxito de una política cinematográfica -películas producidas, estrenos, espectadores, empleos o inversión-, Alatorre se resiste a reducirlo a una cifra. “Hay que verlo como una cadena que empiece en el desarrollo, pero termina en la preservación”. Fortalecer guiones y proyectos, impulsar la promoción internacional, atraer producciones, generar empleo y atender a comunidades históricamente relegadas son partes de un mismo ecosistema; también lo es conservar aquello que ya se filmó. “No podemos olvidar la preservación y no podemos olvidar que en la medida en la que podamos preservar esto que es parte de nuestra memoria, estamos garantizando ese derecho de acceso a nuestra cultura”, concluye. Después de un MEXAV dedicado a imaginar hacia dónde puede crecer la industria mexicana, su reflexión introduce parte de la respuesta en cuanto qué es el fortalecer la industria nacional: pensar el futuro del cine también exige decidir qué parte de su pasado queremos seguir mirando.










