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Reportaje
¿Películas por capítulos? Más allá de la homogeneización de formatos y la desaparición de las fronteras entre el cine y las series
'Los anillos del poder' o 'El Pingüino', de calidad cinematográfica, se estrenan en un mercado en el que las películas adoptan cada vez más lógicas episódicas
Actualizado:

Cuando se popularizó el término showrunner, a finales de los años 80, quizás se hubiese podido prever que aquel formato menor que eran las series acabara incorporando el lenguaje propio de la gran pantalla. Sin embargo, sería más difícil prever que este proceso no fuese unidireccional y que, al tiempo que las series se transformaban en productos de calidad visual y sello autoral, las películas comenzaran a adoptar la lógica del formato opuesto. La cartelera y los estrenos de ambos formatos son ejemplo suficiente para demostrar la incipiente fusión que introduce la posibilidad de convivencia a través de universos compartidos que relatan su ficción en ambos formatos. Es importante preguntarse aquí: ¿cómo han llegado el cine y las series a compartir lenguaje, estilo visual y modelos de producción? ¿Qué papel juega la recepción del público y los festivales en esta transición? ¿Estamos ante una homogeneización temporal o un cambio definitivo en nuestra forma de entender los formatos audiovisuales?
Para encontrar respuestas conviene mirar atrás. En 2011 ya hablaban las académicas Laura Cortés y María del Mar Rodríguez Rosell sobre la influencia del estilo visual cinematográfico en las series. Cortés explica a Kinótico lo que fue decisivo como parte del intercambio entre formatos. “Lo que se denominó 'quality television' fue una apuesta impecable por todos los aspectos relacionados con la producción cinematográfica en cuanto a fotografía, dirección artística, vestuario o estilo visual, al final, es un trasvase obvio entre lo que son productos, sobre todo, de calidad”. Tras ‘Hill Street Blues’ como el ejemplo fundacional de la nueva televisión de calidad que priorizó los 'staff writers' por encima de los 'contract writers', el formato recibió una evolución natural y orgánica, con presupuestos crecientes que significaban mayor calidad, y la figura del showrunner que emergió de la combinación de aquellos guionistas-productores ejecutivos y cuya existencia Alex Weinstein escritor de ‘Crafty TV Writing’ justificó por la necesidad de “saber quién era la persona responsable y quién tenía la máxima autoridad”. ´
David Chase, David Simon y Vince Gilligan protagonizaron el ascenso de esta figura antes de que el formato inevitablemente atrajera la atención de los directores de cine con David Lynch como punto de inflexión. Antes de que Disney modificase ‘Mandalorian y Grogu’, de Jon Favreau, para convertir lo que iba a ser una serie en película, Lynch ya exploró el trasvase entre formatos con el piloto de ‘Twin Peaks’ que se concibió y emitió como largometraje con un final cerrado. Así Laura Palmer abrió el camino para la autoría en el formato televisivo, atrayendo tras de sí un ejército de autores como Alfonso Cuarón, Wong Kar-Wai, Jane Campion o Paolo Sorrentino. No tardaría esta fiebre televisiva en llegar a España de la mano de Movistar Plus con sus originales y los inconfundibles nombres del panorama cinematográfico español con series como ‘La Mesías’, de Javier Calvo y Javier Ambrossi, ‘Antidisturbios’, de Rodrigo Sorogoyen o ‘Querer’, de Alauda Ruiz de Azúa.








