Entrevista
Igor Legarreta: "Hemos avanzado y es interesante mirar atrás, aprender, recordar y comparar"
El director de 'Las ciegas hormigas' rescata una de las novelas más aclamadas de la literatura vasca en un emotivo drama protagonizado por Itziar Ituño y Urko Olazabal
Maravillarse por cómo han evolucionado las condiciones de vida y la sociedad en 100 años carecería de sentido si realmente no se aprecian esos cambios, si se dan por descontados y, en parte, ese es el ejercicio que propone el director y guionista bilbaíno Igor Legarreta con su tercera película, 'Las ciegas hormigas' ('Inarri Itsuak'), un conmovedor drama familiar que traslada con ambición a la gran pantalla y al euskera la novela homónima de Ramiro Pinilla, considerada una de las obras más importantes de la literatura vasca y que fue merecedora del Premio Nadal en 1961.
"La novela es preciosa, un castellano maravilloso. Pero siempre he dicho lo mismo, los Jáuregui, los protagonistas de la novela, son euskaldunes. Es el año 30, estamos en Algorta, en un caserío. Lo natural, lo adecuado para esa verosimilitud de la historia es que esos personajes hablen en euskera", explicaba el realizador en el set audiovisual de Kinótico, patrocinado por Repsol, en el Festival de San Sebastián, donde se estrenó la película que este 9 de octubre llega a los cines. El guionista Andoni de Carlos ('Handia') fue precisamente quien habló a Legarreta de esta historia de supervivencia ambientada en los años 30 en Algorta y quien colaboró con él para escribirla en euskera, aunque para dotarla de mayor autenticidad trabajaron también con el escritor Harkaitz Cano con el objetivo de darle "ese color vizcaíno“ de la zona concreta en la que se ambienta la película, ya que el euskera no es anecdótico, sino que acapara casi la totalidad del metraje. La película cuenta, además, con el respaldo del Departamento de Cultura y Política Lingüística del Gobierno Vasco, así como el apoyo institucional regional del Gobierno de Navarra y la Diputación Foral de Bizkaia.
La pareja protagonista, Urko Olazabal ('Maixabel') e Itziar Ituño ('La casa de papel'), también tuvo que trabajar algunos aspectos del idioma como expresiones que estuviesen ligadas a esta población situada a orillas del Cantábrico. Olazabal e Ituño, que afronta con solvencia uno de los papeles con mayor carga dramática hasta la fecha en la gran pantalla, conforman un matrimonio que durante una noche de temporal decide rescatar el carbón desprendido de un barco encallado. Donde el padre ve un golpe de suerte que podrá proporcionar calefacción a toda la familia durante el invierno, la matriarca ve un presagio un infortunio. Pese a la violenta tormenta, -una escena épica y rodada con un considerable esmero y despliegue de medios-, Olazabal se arriesga para hacerse con un botín que acabará desencadenando la tragedia.
Si la novela no deja de ser una mirada honesta para ver de dónde venimos, destacando ese esfuerzo que hasta hace apenas unas décadas era omnipresente para salir adelante, la película no se queda atrás. Es más, rinde un tributo a esas generaciones que se entregaban por completo al cuidado de la familia. Para Legarreta, la novela hace mucho hincapié en el esfuerzo físico y detalla los numerosos trabajos que hace el protagonista, que "necesita estar conectado con la acción, con el objetivo, con la tarea, seguramente para evitar de alguna forma explorar sus emociones o pararse a pensar demasiado en las cosas que sucede a su familia, en su condición“. Sin embargo, el personaje de la matriarca es más complejo en el sentido de que plantea las preguntas más dolorosas acerca de lo que les está sucediendo, sobre qué sentido tiene arriesgarse o si merece la pena seguir adelante, explica el director, quien indica que de esas discrepantes concepciones de la vida surge el conflicto entre ambos. "Es una pareja que se quiere, no es una pareja en crisis. Lo que les sucede les coloca en una situación muy delicada, pero al final esta es la historia de una familia, es una película coral en ese sentido. Yo creo que el objetivo de ellos dos, cada uno a su manera, con su cosmovisión, es el de intentar que esa familia no se venga abajo".

Para Olazabal todos los padres y las madres del mundo generalmente lo que que procuran es que sus hijos salgan adelante, que sus familias salgan adelante y de ahí todo el esfuerzo al que se entrega con abnegación su personaje. "Estamos hablando que en el 1930 las condiciones eran muchísimo más duras. Ahora por suerte ha cambiado esto en Europa“, agrega sobre su personaje. Ituño, sin embargo reconoce que se ha sentido distanciada de su personaje, una mujer de los años 30 del siglo pasado, que asume las decisiones que toma el marido, "las acepta, aunque ella tenga su mínima capacidad de decisión". En su opinión, la visión del matriarcado vasco como unas mujeres con poder de decisión porque gobernaban el caserío es "un cuento chino".
"No, no lo gobernaban, se hacían cargo de todas las responsabilidades de la crianza de los hijos, también de la huerta, no paraban de trabajar, de cuidar y fuera de ahí no tenían poder de decisión", afirma. Para ella, la protagonista es una mujer aguerrida que le ha recordado a su abuela, a su madre y a mujeres de generaciones anteriores que han sufrido pérdidas irreparables en la familia y pese al dolor han tenido que seguir adelante. "La cultura del baserri, del caserío, es dura, es dura emocionalmente. No te permite sacar. Y aquí Josefa (su personaje) al menos saca un poco porque es una mujer. Sabas (el personaje de Olazabal) ni siquiera tiene esa oportunidad, porque como hombre tiene que mantener el tipo, seguir trabajando, porque si se para a pensar y se para a sentir, se derrumba“, explica la actriz, que ya trabajó con Legarreta en 'Illari guztiak. Todas las lunas'.

'Las ciegas hormigas' es una producción vasca de Lamia Producciones, LAZONA Zinema, Buendía Estudios Bizkaia, Sideral Cinema y Atresmedia, en la que Josean Bengoetxea, Miren Gaztañaga, Carlos Santos, Unax Hayden, Patxi Bisquert y Markel Cocó completan el reparto. La película rinde homenaje también a toda una generación de progenitores entregados, que se veía obligada a seguir unas convenciones y normas sociales que solo osaban cuestionar para sobrevivir. Este drama rodadado con ambición, especialmente en la colosal escena noctura con una lluvia contundente e incesante, permite echar la vista atrás, hacia una época no tan lejana. "Mirar atrás es interesante en cuanto a que, por un lado nos recuerda a todos cómo vivían nuestros abuelos, nuestras abuelas, hace relativamente bien poco, qué condiciones de vida tenían, cómo era ese día a día, cómo era ese orden social, cuáles eran las carencias, los defectos. Y mirar al presente para comparar también. Y hemos avanzado mucho, dónde estamos, hemos mejorado, la pobreza ha desaparecido, dónde está la mujer, dónde está el hombre, cómo es ese orden social. Eso es lo interesante de mirar atrás, aprender, recordar y comparar", concluye Legarreta.









