Entrevista
Natalia Oreiro: "Mi origen es de clase obrera, sé lo que es el prejuicio de la mirada del otro"
La reconocida actriz y cantante uruguaya, arte y parte del audiovisual argentino, recibe la Biznaga de Honor a su trayectoria artística en el Festival de Málaga
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La actriz y cantante Natalia Oreiro (Montevideo, 1977) llegó al Festival de Málaga con una doble misión: presentar la película que protagoniza, 'La mujer de la fila', y recibir la Biznaga de Honor a su trayectoria artística. Con más de 30 años en la industria audiovisual, la artista hasta goza de estatus de súper estrella. En el set de Kinótico se muestra especialmente orgullosa de ‘La mujer de la fila’, la segunda colaboración con el director argentino Benjamín Ávila. Esta producción, que forma parte de la sección oficial de la vigésimo novena edición del certamen andaluz, está basada en un hecho real. Oreiro interpreta a Andrea, cuyo hijo ha sido encarcelado. Durante las visitas conoce a otras mujeres que esperan en la fila de ingreso al penal, y con el tiempo, la hostilidad inicial da paso a fuertes alianzas entre ellas, que en el caso de Andrea le brindará la entereza necesaria para enfrentar esta situación.
¿Qué tanto apuro da encarnar a una persona real y que prácticamente está a tu lado?
Andrea Casamento, la mujer real que además nos ha acompañado a este festival, es una mujer super poderosa, una de esas necesarias en el mundo. Hace 20 años tuvo la desdicha de tener a su hijo privado de libertad, jamás pensó que le podía suceder algo así, y a través de ese hecho traumático, en lugar de olvidarlo o negarlo, pudo fundar una asociación civil (Organización de familiares detenidos de Argentina, ACIFAD) La película se llama 'La mujer de la fila' justamente por la larga fila que hacen las mujeres antes de entrar al penal, y por todo lo que tienen que pasar, lo doloroso y burocrático, hasta poder ver a su familiar. Es muy conmovedora, no es una película que hable de la cárcel, sino de la familia de la gente que está en la cárcel y que están invisibilizados, pero que al mismo tiempo son culpabilizados como si ellos hubieran cometido el delito. [AsImismo, habla] del prejuicio social que existe con esas madres, como si ellas hubieran hecho algo malo para que sus hijos hubieran terminado en esa situación, y también en el sentido de ‘a mí no me va a pasar, eso es algo que le pasa a otros’, pero nadie está exento de que le pase esa situación.
¿Cómo logras despojarte de los prejuicios, de la estigmatización, para encarnar tus personajes?
Me considero una persona que trabaja sobre los prejuicios para desandarlos y para no tenerlos. He trabajado mucho en la vida, he vivido en muchos lugares, de hecho viví en Málaga de pequeña, mis abuelos eran de Galicia y emigraron al Uruguay hace 80 años, a los 16 años me fui a vivir sola a Buenos Aires. Mi origen es de clase obrera trabajadora, entonces sé lo que es el prejuicio de la mirada del otro. Con lo cual, cuando interpreto un personaje, el que sea, de la clase social que sea, trato de despojarme de todo lo concebido de mi propia vida para poder llenarme de esa nuevas sensaciones. Pero al final, la mirada, el corazón, el sentimiento es el de Natalia, y eso es lo más verdadero que
tengo para dar porque siempre siento que la cámara cuando está muy cerca, toma esa verdad, esa mirada, ese sentimiento. Y si bien yo no he pasado en mi vida personal un hecho tan traumático como sí pasó la protagonista de ‘La mujer de la fila’. Durante el rodaje he podido convivir con todas las mujeres que participan en la película y que son mujeres reales de la fila. Su dolor lo he sentido propio, lo he tenido muy cerca. Justamente en la película hay una escena en la que ellas cuentan sus testimonios.

¿Cómo te cala algo así personalmente?
Por un lado, hay algo de dolor que queda en el cuerpo cuando uno interpreta y una mujer que está sufriendo, realmente uno termina muy cargada de esa energía. Por otro lado, siento que soy un instrumento a través de mis personajes o de la palabra para poder cambiar ciertas cosas, para abrir los corazones de las personas, para poner luz en realidades más hostiles o más oscuras. La vida me ha dado tanto, que a partir de los personajes que elijo hacer puedo agradecer y colaborar con pequeñas dosis de empatía.
Como mujer ya somos autoexigentes, pero siendo además artista y empresaria, ¿cómo luchas contra esa autoexigencia?
Es un trabajo diario. Creo que nosotras nos autoexigimos, la sociedad nos exige. Es muy doloroso darse cuenta de que una se olvida de una misma cuando es madre; nuestros hijos e hijas necesitan que nosotras sigamos con nuestra vida, que seamos seres independientes, libres, felices. Lo más importante es ser sincera con uno mismo y decir ‘esto que hago o esto en lo que me convertí me hace feliz’. La pregunta más difícil que nos podemos hacer es ¿en quién me convertí y en quién podría haberme convertido? Estoy orgullosa de quien soy y las cosas más importantes son las más sencillas. Por supuesto que agradezco hacer películas, los reconocimientos, pero donde yo soy feliz de verdad es cuando estoy descalza en contacto con la naturaleza, compartiendo una tarde con un ser querido o simplemente conmigo misma en soledad. Pero claro, pareciera que si uno no es productivo en la vida, hay algo malo allí, y la sociedad continua siendo así. Pero hay mucho trabajo femenino en el mundo para lograr no solamente más derechos, más igualdad para nosotras, sino también más compasión para nosotras mismas.
Hablando de compasión, ¿crees que ahora es más compasiva la industria
audiovisual hacia las mujeres?
No. Yo creo que ahora sí hay más mujeres directoras que quieren contar historias de mujeres. Al final, quien elige qué película se ve es la mujer, sin embargo, la mayoría de las películas son protagonizadas por hombres y en muchos casos la mujer siempre es la pareja de, la madre de. Teniendo la posibilidad de elegir, creo que para mí es un deber elegir personajes que tengan algo que decir, algo que comunicar. No tengo ningún problema en ser la novia de alguien, pero si sistemáticamente mi personaje es ser un florero, pues no estoy haciendo honor a mí misma ni a mi género. A lo largo de mi vida he elegido hacer personajes como el de Andrea (‘La mujer de la fila’), como la cantante Gilda (‘Gilda, no me arrepiento de este amor’, Lorena Muñoz, 2016), como Eva Perón (‘Santa Evita’, Rodrigo García, Alejandro Maci, 2022), o como en ‘Infancia clandestina’ (Benjamín Ávila, 2012) que habla de la dictadura, o en Wakolda (Lucía Puenzo, 2013). He hecho muchas películas donde a la mujer le estaba pasando algo, porque la vida es así.
Antonio Banderas ha contado que su antiguo agente le dijo que una carrera se construye a base de ‘noes’ y no de ‘síes’.
Es verdad y es lo más difícil. Cuando uno comienza, son todos síes, o sea, uno quiere comerse el mundo. Y luego cuando tenés la posibilidad de elegir, lo más importante es lo que no, pero no tanto por la carrera. Para mí la palabra carrera pareciera que está corriendo hacia algún lugar, ¿y cuál es la meta? ¿cuál es ese lugar? Ahora, lo que tiene que ver con la vocación artística, que es un privilegio para nosotros, además de vivir de esto, es lo que en Japón le llaman el ikigai: hacer algo que te gusta, que le hace bien a otro y que encima te pagan por eso. No todas las personas tienen esa posibilidad en la vida, y quienes la tenemos, debemos hacer honor a eso y colaborar para que sirva de
algo. Siempre trato de elegir proyectos en los que mis personajes tengan algo que decir, o que si me encanta el proyecto o me gusta el director pero el personaje no lo veo del todo formado, entonces trabajarlo dentro del set o con los directores para buscarle la historia, para entender el por qué. El cine es un hecho colectivo, se construye en equipo, y hasta que la película no se estrena, hay posibilidades de hacer mil películas con un mismo guion. Ahora, es cierto que un buen guion mal filmado puede ser una buena película, pero un mal guion bien filmado nunca va a ser una buena película. Aunque eres uruguaya, eres parte del cine argentino.

En cuanto a la situación actual de esa industria, ¿cómo se resiste en tiempos de crisis?
Lo que estamos haciendo es resistir con el hecho de hacer. Lo que sucede hoy en la Argentina es muy triste, pero no solamente para la industria cinematográfica. Creo que lo más duro es que la educación pública, la salud pública, que un jubilado a sus 70 años tenga que pedir para comer, las discapacidades que no sean atendidas, todos esos son derechos que hemos tenido siempre y que ha sido un país que ha mostrado con su industria un emblema para la región. Por supuesto que el cine no es ajeno a eso. Lamentablemente se ha instalado la idea de que el cine se financia con impuestos públicos, y eso no es real. El cine en la argentina se financia con un sitio de fomento, que cada entrada que se paga, sea para una película nacional o extranjera, va un porcentaje para que exista lo que se llama el INCAA (Instituto Nacional de Cine y Artes audiovisuales), y que pueda hacer películas de óperas primas que tan bien nos han representado en el mundo.
Nosotros somos también nuestra cultura, nos conocen en el mundo y en estos festivales por nuestras películas; como a nosotros nos gusta ver cine internacional, internacionalmente también se ven nuestras películas. El cine es una industria que no solamente mueve a quienes están delante de cámara, son miles de familias que viven a través del cine. Y yo, como privilegiada dentro de la industria audiovisual argentina, que tiene la posibilidad de hacer películas para plataformas porque hoy si no hay una plataforma [de por medio] lamentablemente no se puede filmar, elijo en el año una o dos películas que sean óperas prima. El año pasado filmé ‘La noche sin mí’ (María Laura Berch y Laura Chiabrando, 2025), una hermosa película, porque creo que ahí está el semillero para los nuevos directores y directoras, para los nuevos talentos, porque si no, siempre son los mismos directores, los mismos intérpretes; entonces, desde mi lugar, hacer películas nuevas, con riesgo, con nueva creatividad. Esto también va a pasar y vamos a continuar haciendo cine







