Entrevista

Roberto Proia y el mensaje de 'El chico de los pantalones rosas': "Las palabras pueden matar, pero también pueden salvar la vida"

El guionista y productor de este éxito en la taquilla Italiana repasa el viaje hecho con la historia de Andrea Spezzacatena unos días antes de llegar al Festival de Málaga

Madrid·
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El actor Samuele Carrino en un fotograma de la película italiana 'El chico de los pantalones rosas'
El actor Samuele Carrino en un fotograma de la película italiana 'El chico de los pantalones rosas' · Fotografía: Filmax

En 2012, el joven Andrea Spezzacatena (Samuele Carrino), de 15 años y víctima de acoso escolar, se quitaba la vida en Roma. Su madre, Teresa Manes (Claudia Pandolfi), decidió convertir su dolor en compromiso y escribió una novela autobiografía con un único objetivo: despertar conciencias y evitar que el sufrimiento de su hijo lo viviesen otros. Así nació ‘El chico de los pantalones rosas’, un libro convertido en película con Roberto Proia como productor y guionista. La historia de Andrea, estrenada en noviembre de 2025 en Italia con la dirección de Margherita Ferri, llevó al cine a más de millón y medio de espectadores; cuenta ya con una versión musical sobre el escenario romano; tendrá un remake americano; y el 17 de abril llegará a las salas españolas de la mano de Filmax previo paso por el Festival de Málaga el 9 de marzo en el marco de la sección Mosaico: Panorama Internacional. De todo esto, pero sobre todo del "necesario" mensaje de ‘El chico de los pantalones rosas’y del poder de las palabras, tanto para destruir como para salvar, hemos hablado con Roberto Proia, nominado a Mejor Guión adaptado en los David di Donatello.

Cuenta Proia que su primer contacto con la historia de Andrea Spezzacatena fue a través de Facebook, curiosamente, explica, “el medio usado para iniciar el ciberacoso contra Andrea”. Ahí, en esa red social donde se creó una página para acosar al joven romano, el guionista y productor tropezó por causalidad con un vídeo en el que una presentadora italiana se emocionaba y lloraba en directo. Fue a buscar en la Wikipedia el caso de Andrea y allí descubrió la historia. Entonces le sorprendió que no se hubiese hecho una película con ella aún por dos razones: “Primero, porque en este tiempo el problema del acoso ha empeorado y se ha convertido en algo más importante. Segundo, porque en la historia había elementos muy cinematográficos. El hecho de que el pantalón fuese rojo y destiñese a rosa es una cosa que increíblemente parece escrita para una película, pero en realidad es exactamente como ocurrió”.

Hecho el descubrimiento, su primer paso fue ponerse en contacto con Teresa Manes. “Necesitaba que ella quisiese hacer esta película, porque sin ella no lo habría hecho. Por respeto, y porque para escribir el guion para mí era necesario saber quién era Andrea más allá de lo que había en Internet”, confiesa el guionista, que añade que, además, tenía la necesidad de “saber por qué motivo Andrea no dejó una nota, por qué decidió guardar silencio”. Juntos dieron con una respuesta que la propia Teresa Manes encontró plausible y que tenía que ver con que el joven estaba asumiendo “demasiada responsabilidad”. El divorcio de sus padres, un hermano pequeño… “no quería dar problemas”. De esas conversaciones nació una escena clave para la película (está en el cartel promocional de la misma): el abrazo de Andrea a su madre el día de su 15 cumpleaños y que ella ha leído después de la tragedia como una despedida.

La colaboración con Manes ha sido estrecha y capital para dar forma a la película. También habló con el padre del joven, para contar con su aprobación al proyecto. La tuvo, pero en su caso no “quiso participar porque era demasiado duro para él”. Cada ser humano afronta el dolor y la pérdida de una manera y en el caso de Teresa la suya ha sido dedicar su vida a evitar otros casos como el de su hijo. Para ella hacer esta película era una forma de dar “visibilidad” a una causa, a una labor por la que ha sido reconocida a nivel gubernamental, y a la que vive consagrada desde hace años. “Ella ha sido la primera que leyó la historia, que leyó el guion y que vio la película”, resume Proia. En todo momento, el guionista y productor se ha mantenido fiel a su compromiso con ella y con Andrea. En este sentido pone como ejemplo alguna crítica leída o escuchada en la que se mencionaba la ausencia del comunidad educativa en la historia. Para esto tiene una explicación tan real como dolorosa y que, además, fue parte del problema: “Tuve que escribirlo así porque Teresa me dijo que la escuela no estuvo presente. De hecho, les denunció por ello. Si hubiese creado el personaje de un profesor más atento, habría traicionado a Teresa. Así que puse mucha atención en este punto de vista, para tener libertad creativa, pero respetando la historia real y lo que Teresa quería hacer”.

El productor y guionista de 'El chico de los pantalones rosas', el italiano Roberto Proia ·
El productor y guionista de 'El chico de los pantalones rosas', el italiano Roberto Proia · · Fotografía: Eagle Pictures

Lo que quería hacer, quizá lo más importante, era “una película sobre la vida de su hijo, no sobre la muerte”. Por eso, explica Roberto Proia, la película, aunque habla de un acontecimiento trágico, "es una película vitalista”. Y, además, una forma de seguir transmitiendo el mensaje, como lo esta siendo también el musical que han puesto en marcha hace un par de semanas en el teatro o el acuerdo para el remake americano de ‘El chico de los pantalones rosas’, que dirigirá Nick Cassavetes. En el proceso, además, Danielle, el hermano pequeño de Andrea y quien encontró su cuerpo con solo ocho años, ha pasado a formar parte de Eagle, la distribuidora de Proia. Estaba trabajando en una televisión privada porque le encanta dirigir, y ahora trabaja con ellos.

Encontrar el tono y los apoyos

A toro pasado, con la presencia en los David di Donatello y con más de millón y medio de espectadores en los cines, es fácil decir que es un éxito. Sin embargo, cuando la película aún estaba cogiendo forma, la gran pregunta que se hacía Roberto Proia era “¿quién querría ver una película de un niño que se suicida?”. Porque lo que cuenta ‘El chico de los pantalones rosas” “es algo terrible, un tabú”. Por este motivo decidió arriesgarse y poner su propio dinero para hacerse cargo de una parte de la producción del filme. Exactamente, el 10% del presupuesto. Pero su gran reto era encontrar, en la escritura, “una forma de llevar a la gente al cine, una manera de animarles a entrar” a ver a una historia dura, y real. En este sentido, explica que la voz en off le fue de gran ayuda, como una manera de destensar la historia, de darle algo de luz y pese a que es un recurso, como él mismo apunta, “muy utilizado”.

Decisiones que se toman en la escritura y que, muchas veces, no se descubren si son acertadas o no hasta comprobar la reacción del público. En este sentido, reconoce Proia que no se esperaba la reacción de los espectadores en Italia. “Es una película que ha ido creciendo. Empezó muy bien, pero fue creciendo muchísimo. Seguramente, el 10% de la taquilla vino de las escuelas. Es la parte más bonita. He ido al cine los domingos a ver quién iba a ver mi película y eran familias con niños de 10 años. Conozco niños que la habían visto en la escuela y han llevado a sus padres a verla de nuevo. Ha creado un debate, una conversación. Y no era una conversación necesariamente sobre la homofobia, sino sobre la solución al acoso”, analiza sobre el recorrido de la película en las salas italianas contribuyendo a, de alguna manera, romper el tabú del suicidio.

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"Con el tono de voz adecuado, no hay tema que no se pueda tocar. Contar la historia no es suficiente"

Un tabú que también señalaba Paolo Genovese durante su entrevista con Kinótico por el estreno de ‘El primer día de mi vida’ (película en la que uno de los protagonistas era un niño que sufría acoso escolar) y que se antoja necesario romper para acabar con el acoso y sus consecuencias. Es lo que lleva años luchando por conseguir la madre de Andrea Spezzacatena. “Es triste decirlo, pero parte del éxito de la película también se debe a que, mientras rodábamos, mientras la promocionábamos, mientras estaba en cines, muchos jóvenes seguían haciéndolo [suicidándose]. Ocurrió algo que me da escalofríos. Estrenamos la película en noviembre de 2024. Se suponía que saldría en septiembre, pero en cambio la estrenamos en noviembre. Desafortunadamente, en septiembre, un joven se quitó la vida. Me sentí muy disgustado porque pensé que si hubiese recurrido a una película así como herramienta, tal vez no lo habría hecho”, confiesa. Y añade que hablar en el cine sobre el suicidio es tabú también en el sentido comercial: “Nadie quiere oír hablar de suicidio”. La clave, para él, está en encontrar el tono. “Con el tono de voz adecuado, no hay tema que no se pueda tocar. Contar la historia no es suficiente. Es decir, no solo es importante, sino que también es importante tener el tono de voz adecuado”, algo que le costó, pero acabó por encontrar.

Los actores Claudia Pandolfi y Samuele Carrino en un fotograma de la película italiana 'El chico de los pantalones rosas'
Los actores Claudia Pandolfi y Samuele Carrino en un fotograma de la película italiana 'El chico de los pantalones rosas' · Fotografía: Filmax

Otra cosa que le costó fue decir adiós a Andrea una vez escrito el guion. “Normalmente escribo guiones muy rápido porque me encanta escribir, me resulta fácil, pero este me llevó más o menos seis meses, porque, mira, te diré algo romántico, no quería dejar ir a Andrea. Seguí retrasándolo, retrasándolo, hasta que en cierto momento terminé el guion, el primer borrador, y en ese momento empecé a llorar, en parte por la emoción, y en parte porque me di cuenta de que ese viaje había terminado. Estábamos empezando otro viaje, pero ese había terminado, y era un viaje que Andrea y yo habíamos hecho solos”, recuerda con emoción. Un viaje íntimo, suyo y de Andrea, el de la escritura de una historia en la que, como él mismo reconoce, encontró ciertas coincidencias con su propia adolescencia. Él, como Andrea, también recibió insultos homófobos de la persona -que el personaje del acosador se llame Cristian no es causalidad- “de la que quería atención” y que se convierte en la persona que más daño le hace.

El poder de las palabras

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"Preferí enfatizar que la película trataba sobre la vida, no sobre la muerte, y que las palabras son importantes, tanto cuando se dicen como cuando se escuchan"

“Para eso están las películas, para iniciar una conversación”, sentencia Roberto Proia en un momento de esta otra conversación a dos y vía Zoom. Y, precisamente por eso, ‘El chico de los pantalones rosas’ ha tenido el recorrido que ha tenido en Italia y ahora está apunto de iniciar uno nuevo en España, con su paso por el Festival de Málaga antes del estreno comercial, y en Estados Unidos, con un remake. Un viaje en el que el mensaje siempre ha sido el mismo y lo más importante. Y ese tiene más que ver con el acoso escolar que con el suicidio –consecuencia del primero–. “Evité cuidadosamente la palabra ‘suicidio’ en el dossier de prensa, aunque todo el mundo sabe lo que pasó. Sin embargo, preferí enfatizar que la película trataba sobre la vida, no sobre la muerte, y que las palabras son importantes, tanto cuando se dicen como cuando se escuchan”, expone. Y es que, como tantos otros que han conocido la historia de Andrea, coincide en que “si Andrea hubiera usado palabras para confesarse con su familia, aún estaría vivo; así que las palabras pueden matar, pero también pueden salvar la vida”.

El actor Samuele Carrino en un fotograma de la película italiana 'El chico de los pantalones rosas'
El actor Samuele Carrino en un fotograma de la película italiana 'El chico de los pantalones rosas' · Fotografía: Filmax

Hacia ahí es hacia donde se esfuerza en llegar ‘El chico de los pantalones rosas’, a transmitir el mensaje a todo aquel que la vea de la necesidad de hablar. “Animar a los chicos a denunciarlo, a hablar, tanto a los que sufren acoso como a los que lo presencian. Ese es el mensaje más importante. Si hubieran hablado, no tendríamos la película hoy. Si la madre de Andrea lo hubiera descubierto antes, no tendríamos la película hoy. Incluso el hecho de que ella tuviera que entrar a Facebook, donde tenía la contraseña, y enterarse de todo lo que pasó es cinematográfico, pero exactamente cómo sucedió”, resume. Y el recorrido que está teniendo la película por festivales –Roma, Tallín y ahora Málaga–, es una vía más de “difundir” el mensaje, de que se “amplifique”. En el camino se han encontrado el apoyo del público, pero también de proveedores, que les han donado espacios para promocionar la película porque querían contribuir a que el mensaje llegase a más gente, más lejos. Él y Teresa Manes tienen pensado viajar a España en abril para acompañar el estreno de la película. De todo este viaje y éxito, dice Proia: "Significa mucho para mí, porque significa mucho para todos los que estamos involucrados porque significa que el mensaje seguirá circulando, y es un mensaje muy necesario”.

***Este artículo es posible gracias la película ‘El chico de los pantalones rosas', dirigida por Margherita Ferri, producida por Eagle Pictures y distribuida en España por Filmax